Madrid, 15 oct (EFE).- El estudio de los restos de un neandertal descubierto en una cueva del Kurdistán iraquí revela que murió al ser herido con una lanza de madera afilada, aunque la investigación reveló mucho más: antes, el individuo logró sobrevivir a un grave traumatismo facial gracias a los cuidados de sus congéneres.
Los resultados del estudio sugieren que los cuidados continuaron tras su muerte y que, hace unos 75.000 años, este individuo, denominado Shanidar A, fue expresamente enterrado en una zanja, en un acto simbólico funerario.
Para los autores, estas evidencias corroboran que los neandertales de la cueva de Shanidar cuidaban a los miembros del grupo en la vida y en la muerte.
El estudio, liderado por la Universidad de Cambridge (Reino Unido) y realizado por científicos del Instituto Catalán de Paleoecología Humana y Evolución Social (IPHES), de Tarragona, y del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (CENIEH), de Burgos, se han publicado en Scientific Reports, ambos en España.
Enterramientos en la cueva de Shanidar
Shanidar es uno de los yacimientos paleolíticos más importantes del mundo. Desde que comenzó a excavarse en 1957, se han excavado los restos de al menos una decena de neandertales de hace entre 50.000 y 75.000 años que demuestran que estos humanos tenían un comportamiento mortuorio complejo, intencional y simbólico.
Algunos de ellos fueron depositados en un punto específico, un espacio de un metro de profundidad, 1,5 metros de largo y uno de ancho que durante miles de años se usó para enterrar a varios miembros del grupo.
El lugar estaba situado dentro de la cueva, justo detrás de un gran bloque de piedra vertical que los neandertales probablemente usaban como referencia o "punto visible", explica a EFE la coautora del estudio e investigadora del CENIEH, Nohemi Sala.
Los restos parecían haber sido colocados reclinados sobre la espalda con la cabeza orientada al este y los brazos sobre o junto al cuerpo. Shanidar A, que es probablemente el más antiguo de los individuos enterrados en esta zanja natural, se hallaba justo debajo del torso de una mujer (Shanidar Z) y yacía colocado boca arriba y orientado al este.
De este varón adulto, de unos 45 años, descubierto en 2020, se recuperó la mano derecha casi completa, fragmentos de costillas y costillas enteras, la escápula (omoplato) izquierdo y siete dientes.
Al analizarlos, descubrieron que tiempo antes de morir, este individuo sufrió un violento traumatismo en la cara que le partió un incisivo y desplazó los dientes contiguos.
Sin embargo, el estudio del sarro de los dientes reveló que Shanidar A siguió alimentándose durante al menos un año más después de la herida, durante una convalecencia sumamente dolorosa que le hubiera provocado la muerte de no ser por los cuidados y la alimentación recibidos por sus congéneres.
"Sobrevivir a un golpe capaz de partir un diente de esta manera y seguir viviendo y alimentándose durante al menos un año, quizá más, habría requerido cuidados y apoyo de otros neandertales", explica la autora principal del estudio e investigadora de la Universidad de Cambridge, Emma Pomeroy.
Un impacto frontal
Pero aunque superó este terrible accidente, Shanidar A murió poco después al recibir el impacto frontal de una lanza de madera afilada. Pudo ser un accidente de caza o la evidencia más antigua del uso letal de una lanza de madera.
Pomeroy cree que es violencia porque "la posición de la herida y la fuerza necesaria para atravesar por completo el cuerpo del neandertal presentan las características de un golpe dirigido deliberadamente al corazón con intención de matar", aunque es imposible saber si fue un episodio de violencia entre neandertales o con Homo sapiens.
Lo que está claro es que la herida de Shanidar A fue perimortem, es decir, "que la perforación se produjo en torno al momento del fallecimiento, y no como consecuencia de procesos posteriores", puntualiza Sala.
El impacto dejó en su tórax un agujero circular de bordes lisos, de unos 15 mm de diámetro, con fracturas radiantes y fragmentos óseos desplazados.
Para Pomeroy, es "extraordinario" haber encontrado una escápula de hace 75.000 años "tan bien conservada". "Son huesos tan finos que a menudo ni siquiera se recuperan escápulas completas en enterramientos actuales", pero aún así, "pudimos extraerla de una sola pieza, pese a estar enterrada bajo casi ocho metros de roca y sedimentos", resalta.
El estudio de Shanidar A se une a la larga lista de evidencias que indican que los neandertales cuidaron de personas con graves discapacidades, como parálisis, sordera o ceguera parcial, y que esos cuidados no acababan con la muerte, sino que continuaban con comportamientos funerarios como los que prestaron a este individuo que, tras morir lanceado, fue depositado en una fosa protegida dentro de un espacio funerario compartido.